Este viaje tenía para mi un significado especial. La ciudad de Mónaco tuvo en mi infancia siempre un halo fantástico, de lugar muy exclusivo y casi inalcanzable. Mi contacto con Mónaco era una vez al año, por el mes de mayo, cuando la fórmula 1 se daba cita en sus calles para la carrera más lenta y accidentada de todo el calendario. No sólo conocía el circuito desde cada una de las tomas que la televisión brinda sino que conocía el circuito al volante de un F1 gracias a los cada vez más realistas simuladores para PC (aunque realmente yo me quedé en el tiempo con el GP2, de 1997).
Salimos bien temprano del hotel de Marsella, luego de inaugurar esta vez el desayuno buffet del día. Ya teníamos reserva en le hotel de Niza y nuestro plan ideal era el siguiente:
Tren a Mónaco, dejar el equipaje en algún locker en la estación, recorrer todo el día la ciudad, y volver para Niza lo más tarde posible.
Surgió mientras averiguábamos cómo sacar los pasajes la posibilidad de bajar del tren en Niza y volver a tomar otra formación el mismo día para llegar a Mónaco con el mismo precio ya pagado.
Esta versión fue luego desacreditada por quien nos vendió finalmente los pasajes, luego de luchar infructuosamente con una máquina expendedora, que se empeñaba en buscar un chip en nuestras tarjetas de crédito/débito.
Compramos el pasaje a Mónaco volviendo al plan original, pero quisimos repreguntar a ver si nuestro primer informante (quien trabajaba en la oficina de informaciones!) podía estar en lo cierto. El guarda a quien le preguntamos antes de partir nos confirmo esta primer versión, por lo que cambiábamos nuevamente el plan.
Finalmente, el guarda que nos pedía los boletos arriba del tren, nuevamente nos dejó sin ese plan que tan sencillo nos hacía el viaje.
Decidimos entonces seguir de todas formas a Mónaco y dejar en su estación terminal los bolsos en lockers. El viaje en tren por la costa es una experiencia genial. El sueño no me dejó disfrutarlo al 100%, pero el día de la vuelta sí pude verlo completo. En el camino dejamos Toulón (el del torneo esperanzas), Niza, Cannes y finalmente, luego de entrar en un tunel llegamos a la estación de Mónaco, una estación bajo tierra muy larga y en curva.
Una vez sacadas las fotos de rigor en los carteles que confirmaban nuestra llegada a destino, fuimos a buscar donde dejar nuestro equipaje, cosa que resultó imposible, un muy poco monegasco cartel escrito a mano con marcador sobre una hoja de papel indicaba "No Lockers in Monaco". Luego de hacer una escala en un baño que tenía menos nivel que lo que tiene el baño de un McDonald's porteño, fuimos a buscar el autobus que nos indicaron ahí para volver a Niza a dejar las cosas al hotel. Con esto perdíamos valiosas horas de recorrida, pero especialmente para las chicas era imposible hacer la recorrida que queríamos hacer con todo a cuestas.
Salimos a la soleada superficie, donde un primaveral día nos esperaba. La primer calle a la que llegamos me resultó conocida, especialemente una cuesta que nos invitaba a subirla hacia nuestra izquierda. Habíamos pasado por una pequeña iglesia en la que estaba inscrito el nombre "Saint Devote". Ahí ya no tenía dudas, estábamos en la primera curva del circuito.
Embobado con toda la situación, e impaciente por la llegada del autobús cuya demora nos sacaba tiempo vital, no reparaba en la presencia de otras personas, y hasta me llegué a tropezar con alguien, o más bien se tropezaron conmigo, y sin pedirme siquiera perdón.
Finalmente llegó el colectivo, que por 1,30 euro nos llevaba en 1/2 hora a Niza. Cuando faltaba poco para llegar, quise tomar una nueva foto del paisaje costero, y no pude encontrar mi cámara. De hecho nunca pude volver a verla. La conjetura más fuerte viene por ese tropezón que tuve mientras esperábamos el colectivo. No sólo no me pidieron disculpas, sino que jamás levantó la mirada del piso.
Una vez en Niza a buscar nuevamente un colectivo que nos llevara al hotel que no quedaba ni un poco cerca del centro. Para esta altura ya habíamos averiguado que el tren era más práctico y no muy caro (6 euros ida y vuelta).
Llegamos al hotel, tiramos las cosas y salimos (previo cambio de habitación con respecto a la que nos dieron, ya que no estaban ni hechas la camas). Para esta altura ya había perdido las esperanzas de haber soltado la cámara en algun bolsillo de la mochila.
Compramos algo para comer en un almacén, y fuimos en colectivo a la estación de tren. Nos esperaba un vagón dos pisos y volvimos a entrar a la estación de Montecarlo-Mónaco.
Repetí las fotos de rigor, aunque mi cara no acompañaba mucho, ya que aún duraba el efecto del robo.
Repetimos el recorrido de la mañana, y arrancamos por la cuesta que seguía esperándonos. El clima nos acompañaba por lo que se hacía más que agradable el recorrido a pie. En cada pequeño jardín, parque o vista panorámica paramos, sacamos fotos y disfrutábamos despiertos de estar en un lugar soñado. Retomamos el circuito en la curva del casino, donde se encontraba bastante poblado con varios cafés. Seguimos nuestra marcha cuesta abajo buscando la que para mi es la curva más linda y emblemática del circuito, Loews.
Allí estuvimos un buen rato, entre fotos, descanso, alguna comprita de urgencia por ahí. En eso, cuando queríamos seguir el recorrido, tuvimos que cruzar la calle por una senda peatonal, pero realmente a ciegas, ya que de ningún lado podíamos ver la calle más allá de 10 metros. Cuando estábamos por la mitad de uno de los dos lados vino uno con vocación frustrada de corredor y nos obligó a movernos rápidamente, yo seguí y las chicas volvieron a la vereda original. El muy turro encima, cuando vio que yo ya estaba acelerando y llegando sano a la vereda, soltó el freno y volvió con el acelerador a pleno...
Llegamos entonces a la entrada del tunel, donde un señor que me recordaba la costanera porteña con su caña de pescar y su baldecito con carnada. Entramos finalmente al tunel, por donde se puede entrar a uno de los casinos. Al final del tunel es increible el cambio de intensidad de la luz, no sé como hacen los pilotos a la velocidad que vienen! Ahí mismo había una tiendita de recuerdos donde atendía una Cordobesa!
Bueno, ya se volvio bastante extensa la cosa, asi que corto acá y sigo en otro!
Besos y abrazos!
J
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2 comentarios:
Esto es Europa y no Tornsberg!!!! Madrid, Barcelona, Monaco, si ahora metes París está bien para medio año. Saludos
Jajaja, sí, puede ser, es la Europa más tradicional.
Se supone que en menos de 36 horas ya estaría en París para cerrar el año de viajes.
El gran punto pendiente es Londres, pero ya se dará
abrazo!
j
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